miércoles, 27 julio 2005

Insomnio

Doce de la noche. Un hilo de luz rompe un poco la oscuridad de la sala. Afuera hay neblina, pero adentro hace calor. Los ocho relojes de la sala marcan el paso inexorable del tiempo. Me veo acostado en el mueble, boca arriba, viendo la lámpara de cristal.
Insomnio. Otra vez.
En los últimos días no he podido dormir bien. Desde hace unos dos meses me duermo a la una, dos de la mañana. Yo tenía un remedio que siempre me resultaba exitoso: rezar antes de dormir. Pero ni eso aplaca mi falta de sueño. Y hoy me tocó dormir en la sala porque mi cuarto es potencial candidato a ser afectado por los derrumbes que ha habido últimamente. Por lo menos, mientras pasa el peligro.
Me levanto a tomar agua. La luz de la nevera me saca del letargo de la oscuridad. Tomo un sorbo. Vuelvo al sofá. Me siento un rato, pues ni vueltas puedo dar en el desvencijado mueble. En la sala hay un televisor, pero no quiero prenderlo. A esta hora la programación es una verdadera porquería.
Pasa un rato. Acostado, pienso en mi familia. Mamá debe estar en cama, hablando dormida. Los viejos igual, juntos el uno al otro. Mis amigos, en sus camas, arrellanados, solos o acompañados. Los envidio. Ellos duermen, están bajo la égida de Morfeo, mientras yo todavía me debato entre dormir o no dormir. Me siento cansado, ansioso de dormir... pero sin sueño.
Una de la mañana. Sigo despierto. El clima ha empeorado: cae una lluvia pertinaz. Voy al baño. Regreso. La espalda me duele un poco; el sofá es inclemente.
No pienso. No tengo razón para pensar. Intento contar ovejas, pero cuando comienzo a conciliar el sueño, me imagino que todas las ovejas que conté vienen enloquecidas hacia mí en estampida. Me sobresalto y tomo otro sorbo largo de agua. Una y media. Hay indicios de sueño, la cosa se pone mejor. Observo los relojes: hay unos en la pared, otros en la mesa; unos son cuadrados, redondos, ovalados; de diversos colores... todos marcan la misma hora. Mi atención se centra en el más antiguo: un reloj de pared de madera negra, con sus grandes agujas, y el clásico péndulo que lentamente marca los segundos... concentro mi atención en él... los párpados me pesan... el péndulo no cesa de moverse... no sé cuánto tiempo ha pasado... mis ojos no observan las agujas, sólo el péndulo... sólo el péndulo...
Media vuelta y a dormir.
Hasta mañana.

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